Ábrisan. Libro I. Capítulo I (3.ª parte)

Ábrisan. Libro I. Capítulo I (2.ª parte)

Ábrisan. Libro I. Capítulo I (1.ª parte)

Prólogo

Se levantó con dolores de espalda, como cada día de los últimos diez años, y se preparó la infusión mientras calentaba agua para las abluciones. Se esforzó en no hacer demasiado ruido para no despertar a su jovencísima aprendiz en la segunda noche que esta pasaba allí. Como Ábrisan antes que ella, también la pequeña Reghina había perdido a sus padres debido a las guerras entre las diferentes hegemonías y a las epidemias posteriores; en su caso, no obstante, la prejia, su madre-varón, que constituía la tercera parte del matrimonio múltiple, residía en las cercanías del poblado, unida a uno de los grupos de empobrecidos que trataban de sobrevivir por medio del pillaje; estas bagaudas eran duramente combatidas por el marqués de Bagdor, representante del Imperator en la Marca Caylón, así que tenían una vida máxima de unas pocas lunas. Por eso le había entregado a Reghina cuando se había enterado de que la bruja necesitaba una aprendiz, y Elsar la había acogido tras comprobar su valía.

Echaba de menos a Ábrisan. No solo porque, a su edad, empezar a adiestrar a una nueva aprendiz era una tarea demasiado pesada, sino porque la jov… el joven había demostrado una apreciable afinidad con los poderes de la tierra y los elementos. Además, era equilibradamente amable, considerado y trabajador, y tenía claro lo de pensar por sí mismo a la hora de navegar entre las imposiciones del mundo.

Elsar sintió un escalofrío al meditar sobre la imposición a la que ella misma, pero sobre todo Ábrisan, habían sido sometidas. ¿Desde cuándo se obligaba a alguien a elegir quién era? Habladurías, prejuicios, estereotipos simplones, eso siempre lo habría, pero ¿ser reclamada por la magia e imponer una identidad sexual? Suponía que Ábrisan no iba a plegarse a ciertas expectativas, y que su nueva condición de hombre no condicionaría en exceso su día a día, al menos lo que de él dependiera –existían límites, desde luego, a lo que se podía y no se podía hacer, eran necesarios e innegociables–, y que tampoco iba a beneficiarse de sus privilegios, aunque esa sería una lucha mucho más difícil de vencer, en la que lo más importante iba a ser el equilibrio. Pero, más allá de esa intimidad, ¿qué juegos se estaban moviendo por detrás de lo visible? ¿La magia de hechicero apropiándose de practicantes de la magia de bruja? No lo entendía y, de hecho, había resultado todo demasiado precipitado como para haber podido reaccionar a tiempo.

Había acudido a los ritos de iniciación de las niñas y los niños del poblado. Como cada año, había hecho su parte, ofrendando al bosque, al río, a los arroyos más importantes, al árbol más antiguo, a las semillas, a la tierra oscura, a las lombrices, a los vientos predominantes del lugar, que vienen de lejos, y a las ráfagas que se deslizan en los claros y hacen hablar a las hojas, al fuego del cielo y al que calienta los hogares, a la sangre de vida y a la de la muerte… todo había sido hecho. Nada olvidado. Y, no obstante, había visto claramente, como también el jefe del poblado y Hécsor, la runa dibujada por el viento en las ramas, no una, sino tres veces. Recordaba la expresión de total vulnerabilidad de Ábrisan, que lo había acatado porque había sido aprendiz de bruja una década y conocía la magia. Se le partía el corazón. Y, sin embargo…

No lo entendía. No tenía ninguna clave que le permitiera comprenderlo.

Más aliviada de su dolor de espalda, siquiera momentáneamente, pensó que debería convocar a su aquelarre, el grupo de las brujas más cercanas, para comunicarles lo ocurrido e indagar si alguna había tenido noticias de algo similar, en el presente o en la historia. Confiaba en que accedieran a celebrarlo en un lugar próximo, porque no le apetecía volar, y menos con Reghina.

No sabía si los acontecimientos recientes estaban vinculados o no, pero lo que sí tenía claro era que las guerras se estaban recrudeciendo, ya no solo entre las diferentes hegemonías del continente –como el Imperio Deltsio, del que el poblado Caaviuru formaba parte–, sino también dentro de los propios estados-nación. Y la magia, tarde o temprano, volvería a ser reclamada injustamente para esas luchas.

¿Alguna bruja accedería o se vería obligada a participar en todo ello? ¿Se enfrentarían bruja contra bruja a lo largo del continente ? No quería ni pensarlo.

Y, sin embargo, la idea no se le iba de la cabeza.

Se deslizó hasta el lugar de invocación, preparó el hechizo de convocatoria antes de que se despertase la pequeña y lo lanzó a través de la roca, confiando en que antes del anochecer tuviera alguna respuesta.

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