Ábrisan. Libro II. Capítulo IV (6.ª parte)

Ábrisan. Libro II. Capítulo IV (6.ª parte)

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Despertó todavía otras dos veces a lo largo de la tarde, pero siempre el sueño lo reclamó con más insistencia que la vida real, donde la voz de Hécsor le asaltaba cada vez que recuperaba la conciencia.

Debes ponerte en contacto con los hechiceros de Mencasa, yo te enseñaré a usar el orbe –apremió la primera vez.

El joven no tenía la menor intención de revelar a la Orden lo que le estaba sucediendo. No antes de tener una seria conversación con aquella persona más afectada por la situación aparte de él mismo.

Deben saber que cuentan conmigo para lo que se avecina… y tú debes cuidarte todo lo posible… lo mejor es que viajes a la capital y que te refugies allí hasta que pueda valerme por mí mismo –añadió.

Comprendía el miedo del hechicero, porque si a él le pasaba algo, su última vida, por decirlo así, iba a ser más bien breve. Lo sentía por su maestro, pero no tenía ninguna intención de dejarse manipular. Cuando descubrió que la voz no podía penetrar en el sueño, volvió a sumirse en él hasta que su cuerpo empezó a reclamarle otras necesidades.

No puedes seguir ignorándome –expuso la voz de Hécsor.

–Y tú no puedes ignorarme a mí; tengo una vida, ¿sabes? Y tú solo eres una parte accidental de ella.

¿Accidental? Bueno, seguro que conoces los mecanismos…

–¡No te atrevas a intentar confundirte con mi embarazo! No eres parte de él, ¿está claro? Mi embarazo es fruto del amor, pero su desarrollo depende de la decisión que tome –sintió el terror en la mente de Hécsor, que no respondió–. La verdad, no entiendo cómo has llegado ahí.

Transcurrieron muchos segundos intensos antes de la siguiente intervención.

Yo tampoco, pero lo cierto es que estoy aquí, y tú eres mi única oportunidad de vivir.

–¿Y no puedes salir y buscar otro sitio?

Ni siquiera sé qué significa “aquí”. Sé que estoy atado a un proceso biológico que se reproduce ciega pero finalmente a una velocidad vertiginosa, aunque no hay ninguna estructura a la que pueda anclarme; me temo que no hay ninguna otra conciencia por aquí, al menos de momento. Si nada cambia, soy, o seré, tu hijo –explicó–. Lamento que sea así, pero realmente no puedo hacer nada para revertir la situación.

–¿Dónde estabas antes de ocupar mi útero? ¿No puedes regresar a ese lugar?

No soy consciente de ningún lapso de tiempo entre el momento en que te vi llegar mientras combatía en el huerto a las afueras de Bagdor y ese otro en el que me di cuenta de que me encontraba dentro de ti. Solo más tarde experimenté la sensación extraña de que algo diferente había sucedido esta vez a la hora de mi reencarnación, y eso extraño fue la presencia de ese híbrido que se hace pasar por niña.

Ábrisan se envaró ante aquel último comentario. No iba a permitirlo una sola vez más.

–No hables así de Reghina, te lo advierto.

Hécsor seguramente se dio cuenta de la seriedad de sus palabras, que podían llegar a ser una amenaza.

De acuerdo, solo te lo digo porque es el único elemento extraño que puedo detectar en el proceso, y merecería la pena investigarlo…

Ábrisan no pudo evitar una carcajada bien amarga.

–¿En serio? ¿El único? –exclamó–. Entonces todo lo que me rodea es normal, ¿no?

La presencia de la voz se apagó como si hubieran soplado sobre una vela.

Ábrisan agradeció la repentina soledad.

Pero la conversación había aportado al menos un par de certezas a esta nueva realidad que le tocaba vivir. La primera, que Hécsor estaba dentro de ella, y lo estaría si el embarazo continuaba adelante, hasta el alumbramiento; y que luego seguirían vinculados por lazos de familia además de los de la magia. En segundo lugar, que Regh jugaba un papel en todo aquello, por más que no lo comprendiera todavía, y que debía cuidarla.

Fuera como fuera, tenía una cita pendiente, y no pensaba retrasarla más.

****

Los primeros minutos fueron los más fáciles. Xirh mostró preocupación por el aspecto de su prometido, que confirmó que no eran tiempos sencillos, sin entrar en detalles, y ella rio después de que le contara todo lo referente al pendón encargado por su exprometido. El joven lo había recogido y lo había alabado antes de entregar el pago exacto después del anticipo.

–¿Crees que se quedará en la corte?

Ábrisan quería acompañar aquel buen humor, pero aún no podía. Desde el momento en que la tuvo frente a él, se estaba esforzando para no abrazarla y perderse en aquella unión. Se había acercado con un firme propósito a la cabaña de la muchacha, pero no sabía hasta qué punto las circunstancias modificarían las ilusiones.

–No estamos solas.

Xirh se sobresaltó y se apresuró a cerciorarse de que la puerta seguía cerrada, tras lo cual dio un repaso visual a las ventanas; ambos se encontraban en el espacio destinado a las mujeres solteras, y no había nadie allí. Pensó que bromeaba.

–¡No me des esos sustos!

Ábrisan no quiso cogerla de las manos, porque intentaba que aquello resultase lo menos emotivo posible, al menos hasta que todo estuviera clarificado y pudieran dar rienda suelta a sus emociones, fueran las que fuesen.

No lo hagas, es peligroso.

–Xirh, tengo que decirte dos cosas, están íntimamente relacionadas, así que quiero que me escuches atentamente y no me interrumpas, porque ambas son ciertas y conciernen de manera muy directa a nuestra vida –comenzó, de manera manifiestamente mejorable.

–Me estás asustando.

La vas a poner en peligro, ¡a todos!

El joven cerró los ojos y tomó aliento.

Por favor, hazme caso, ¡es un secreto que solo nos corresponde a los hechiceros!

–Hécsor ya se ha reencarnado, y me habla constantemente dentro de mi cabeza.

¡Oh!

Pensó que dar aquella información en primer lugar facilitaría la segunda, aunque no estaba muy seguro de cómo reaccionaría Xirh ante aquella noticia.

–¿Quieres decir que está aquí mismo? –Para su propia sorpresa, aquella intromisión la irritaba más que la asustaba.

Asintió.

–Está aquí, conmigo, tan presente como si estuviera a mi lado…se guardó para sí las intervenciones de su maestro.

–¿Y qué hace ahí? ¿No puedes hacer que se largue? –Tan pronto como lo dijo, se dio cuenta de que aquello no era muy respetuoso con el hechicero, pero tampoco se arrepentía–. Es decir, Hécsor, ¿podría dejarnos un momento de intimidad?

Esto es increíbleVamos a arrepentirnos…

–¡Por favor, cállate de una vez! ¡Oh, no es a ti, Xirh!, aunque ayudaría que no te dirigieras a él directamente. Me temo que no puede abandonarnos sin que eso le suponga un problema… difícil de resolver… pero creo que tampoco es culpa suya.

La joven asumió las presentes circunstancias a regañadientes.

–No me siento cómoda con esta situación –confesó.

“Ya, pues imagínate cuando lo sepas todo”, pensó Ábrisan, pero, en lugar de eso, dijo otra cosa.

–Sí, lo siento, yo tampoco.

Un leve espasmo en el cuello mostró que acababa de encenderse una chispa en la cabeza de Xirh.

–Pero yo creía que los hechiceros solo se reencarnaban en niñ…

No hubo necesidad de completar la frase, porque la mirada de Ábrisan confirmó la idea y dio paso a la conclusión lógica.

–¡Estás embarazado!

El joven asintió con un fondo de temor que había luchado por reprimir pero que había permanecido al acecho, rompiendo las barreras. A fin de cuentas, para Xirh era algo totalmente imprevisto, y su situación vital era tan inestable…

La muchacha se levantó y se acercó a su prometido tratando de contener su propia emoción.

–¡Joder, voy a ser madre! –dijo, y se lanzó a abrazar a su prometido, aunque se contuvo justo antes de hacerlo–. Es decir, perdona… ¿vas a tenerlo? Bueno, aún es pronto, claro, para decidir, no quiero presionarte, pueden pasar muchas cosas… ¡Ahora sí que tendremos que casarnos! Es decir… No quiero presionarte… esto ya lo he dicho, ¿verdad? Pues es cierto, tú decides, claro…

Ábrisan no pudo contener por más tiempo las emociones y al fin el torrente de lágrimas se desbordó, y el cuerpo, liberado del control, se convulsionó extenuado hasta que lo sostuvo el abrazo de Xirh. No se acordaron, o no quisieron acordarse, de que había testigos.

¿Casaros? ¡Oh, vamos!, ¡no puedes casarte, vas a ser mi padre!

–¡Cállate!

–¡Sí, cállate! –secundó Xirh, ajena a la conversación, pero segura de a quién iba dirigido el exabrupto–. ¡Y a ver si vamos respetando la intimidad de las demás! –añadió, mirando un poco a la derecha de su prometido.

Ábrisan se emocionó de nuevo ante aquella reacción, y ambas se echaron a reír de manera incontenible.

Y ella va a ser mi madre, claro…

–Bueno, Ábrisan sin Casa, aprendiz de hechicero, antiguo aprendiz de bruja, a ver cómo convencemos a mi padre de todo esto.

–¡Nonononononononononono…!

El joven se puso repentinamente serio, con una seriedad apremiante de la que no estaba exento el miedo, por lo que también Xirh se encogió visiblemente.

–Es de una importancia capital que lo que te acabo de decir sobre Hécsor no lo sepa nadie, ¡nadie! ¿lo entiendes?

Xirh la miró con reproche.

–Lo entiendo perfectamente, no hace falta que me grites –dijo muy seria, sosteniendo su mirada.

Ábrisan se culpó internamente por su reacción. Confiaba en Xirh, confiaba en ella más que en nadie en este mundo, y estaba convencida de que no defraudaría esa confianza.

También Hécsor permaneció en silencio, al parecer satisfecho, o quizá simplemente resignado.

–Lo siento, es solo que…

–Lo entiendo.

Se miraron a los ojos y lloraron y rieron a la vez, disfrutando de aquel momento de felicidad porque estaban en mutua compañía y nada más importaba.

–Por cierto, ¿de cuánto estás? Porque habrá que cuadrar muy bien la boda.

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