Ábrisan. Libro III. Capítulo IX (3.ª parte)

Ábrisan. Libro III. Capítulo IX (3.ª parte)

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Lo consiguió después de la reunión de los Cabezas de Casa.

La bruja le explicó sus recientes experiencias en el bosque y en la otra realidad, y le pidió disculpas; frías y menos emocionales que razonadas.

No las esperaba, de modo que las aceptó.

–Así que los engendros tenemos derecho a existir en este mundo, de momento; muchas gracias.

La mujer encajó el golpe casi sin inmutarse.

–La magia original no es nuestra magia, sus condicionantes no son los nuestros. Somos adultas, no tenemos nada que demostrar ni de qué avergonzarnos.

Ábrisan escuchó las palabras de su antigua maestra mientras la embargaba la desolación. Así que eso era todo; la magia de bruja le confería un estatus al que no quería renunciar, en el que se sentía cómoda, y haría todo lo posible por justificarlo.

No había gran diferencia respecto a la postura de las triadas, excepto que estas se negaban hasta ahora a reconocer la posibilidad de otra realidad; pero, para ambas, en esta no cabía lo diferente. Exactamente la misma postura que los hechiceros, al menos la de los vivos, a juzgar por el comportamiento de Zenelsor. Ya se vería si variaban después de visitar la realidad de Hafalne.

–Esta será mi postura ante el aquelarre, me parece la más justa. Debemos romper con la realidad antigua y seguir nuestro camino. Me alegro de que seas el primero en conocerla.

La hubiera gustado gritarle a la cara que ella estaba allí y existía, pero no era el momento. Quizá se equivocaba y sí lo era, ahora mismo, el instante justo para reclamar ante la bruja su condición de persona con derecho a existir en aquel mundo. Pero no lo hizo. No quería poner en riesgo la posibilidad de que Xirh se beneficiara de las ventajas del matrimonio, y no podía decidir unilateralmente que sería mejor para ella buscarse a otra persona para organizar su vida.

Si no ahora, cuándo; esa era la pregunta que la reconcomía por dentro cuando abandonó la Cabaña Demótica.

***

Tomó la dirección de la cabaña del hechicero. A fin de cuentas, era la suya, pero en el último momento decidió intentar comunicarse con Hafalne para ponerle al tanto de las demandas de los hechiceros y de su disposición para hablar.

Te aseguro que todo cuanto te dijo Jomregsor representaba la voluntad de todos, no se atrevería a hacer algo así sin la aquiescencia de Zenelsor y las Escuelas; solo que, después de lo sucedido allí, ninguna mellizada se fiaría del decano sureño para recibir el mensaje.

Ábrisan había albergado alguna duda respecto de la unidad de los hechiceros, pero las palabras de Hécsor tenían sentido; si la guerra en el norte había finalizado tan de súbito, se debía sin duda al acuerdo de los hechiceros y a la intervención de Zenelsor, eso su maestro se lo había dejado claro, y no habría intervenido sin un propósito más amplio.

–Pero Zenelsor no niega la existencia de la magia original, solo que no se fía de ella; y ha preferido reencarnarse a permanecer en Nmadhrad.

¿Tú no lo habrías hecho? Elegir la vida al letargo.

Claro que sí, al menos hoy, pero ella solo tenía una vida que vivir. No se atrevía a opinar sobre algo para lo cual la imaginación no le alcanzaba.

–Sus hermanos no lo han hecho, tú no lo habrías hecho… al menos para siempre.

Yo regresaría, sí, ahora mismo, pero no para siempre. Sin embargo, no he podido elegir –admitió sin pesar, solo una constancia–. No podemos limitar sus opciones. Si Hafalne les permite pasar, y si desean dialogar con él, entonces tenemos la oportunidad de facilitar esa vía de comunicación.

Pensó que el hombre la conocía lo suficiente como para poder manipularla de esa manera, pero en todo caso estaba de acuerdo con él, no era quién para censurar diálogos.

Hafalne respondió enseguida a su llamada. Se percibía el agotamiento, sin embargo; la voz era un susurro y el hilo de la magia se afinaba hasta la hebra.

–Son demasiadas –dijo.

A ver cómo encajaba la petición de los hechiceros. Se lo habían buscado, así que no iba a tener demasiada carga de conciencia.

–De acuerdo, que esperen al menos un par de días. Hablaré con Zenelsor y con Jomregsor, o con quien designen como interlocutores, si así lo desean, siempre que esté en su última vida. Pero la experiencia va a ser muy diferente –anticipó.

–¿Porque ya conocen el lugar?

Porque ya conocen a Hafalne.

–¿Y no podrían hablar con otra persona? ¿No puede apoyarte nadie para mantener los contactos? –era una cuestión que siempre había estado en la punta de la lengua y para la que no había encontrado el momento.

–Nadie más sigue consciente que pueda hacerlo. Soy la última de las personas que construyeron el hechizo, y me agoto. Si esto no funciona, no quedará nadie para pronunciarlo desde aquí.

La joven trató de captar las implicaciones de aquellas palabras, que le parecían fundamentales, aunque le faltaban pistas para comprender la totalidad del sentido.

–Debes recordar que el hechizo que conoces aún no está finalizado; la magia ha cambiado, la finalidad no está clara, para pronunciarlo debemos saber adónde queremos conducirlo y aportarle las novedades. Si yo no estoy, no sé lo que sucederá si finalmente se decide ejecutar desde uno solo de los mundos.

De pronto en la cabeza de Ábrisan empezaron a encajar piezas.

–¿Quieres decir que los hechiceros podrían amenazar con alargar indefinidamente las conversaciones para presionarte?

–Quiero decir que Zenelsor, aunque no lo recuerde, ya lo ha hecho. Legítimamente, no desea terminar aquí en un letargo complaciente después de su muerte; quiere la vida o la nada. Como Hécsor, en el fondo, cuando afirma que todo tiene un final.

Así es.

–Pero Zenelsor es más poderoso, mucho más, y siempre pensó que podía forzarme a ejecutar el hechizo si veo cerca mi fin. Piensa que si en ese momento llega aquí, cuando todo se ponga en marcha, aún podrá disfrutar de una vida plena más.

Es muy arriesgado.

–Tiene poco que perder y mucho que ganar.

–¿Y piensas que se acuerda, en esta vida? –Ábrisan sí recordaba las palabras del hechicero y la pregunta directa a Lieneia antes de la intervención de las triadas.

–No lo recuerda conscientemente, pero sin duda siente la presión de esos saberes, y debe trastornarle no poder activarlos, no me extraña que sienta una enorme desconfianza.

–Entonces él quiere que haya una ruptura, y cuando la otra realidad se reactive, pasar a ella para disfrutar de una vida completa…

Ábrisan pensó en la diferencia con Elsar.

–¿Cuál está siendo la reacción de las brujas? ¿Por qué ellas no sienten la magia original como los hechiceros?

La voz de Hafalne titubeó.

–Las reacciones están siendo muy variadas; hay quienes sí lo hacen, aunque no la mayoría, seguramente porque solo tienen una vida que vivir, y acceden a la magia exprimiendo esa vida. Pero esto solo es una suposición.

Ábrisan pensó que ya había abusado mucho de su tiempo y sus energías, así que decidió que era el momento de despedirse. Solo le quedaba una cosa por hacer en aquella lucha titánica, y era servir de enlace con los hechiceros. A partir de ahí, solo contaba su propia vida, y ya era suficiente.

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