Epílogo de «Ábrisan»

Epílogo de «Ábrisan»

Índice de Ábrisan

Ábrisan y Xirh se casaron y fundaron la Casa del Hechicero. Siete meses después nació su primera hija, y nadie pudo negar que era la reencarnación de Hécsor.

Los dos hechiceros perdidos también se reencarnaron y, si bien no parecían recordar nada de Nmadhrad original, su postura hacia aquella magia fue bastante abierta.

De momento, que se supiera, no hubo más reencarnaciones de hechiceros de las Escuelas.

Las triadas persiguieron a los engendros con el mismo encono que hasta el momento, así que las migraciones hacia Nmadhrad aumentaron con hombres y mujeres que se consideraban normales y querían estar en el lado correcto una vez comenzara la lucha.

Jar’lla se sumó a las persecuciones, tanto brujas como hechiceros, y en las distintas hegemonías se procedió de formas diversas, si bien en la mayoría bajo el signo de la precaución, que escondía en la práctica una represión generalizada a lo diferente.

Las mellizadas consiguieron sacar del país a aquellas personas que escondían en las cuevas –gracias también a la intervención de Zenelsor–, pues el Imperio Deltsio accedió a acogerlos, salvaguardando sus identidades; aunque no eran bien vistos, tanto la Orden como Elsar y las brujas impusieron una actitud de tolerancia entre la población, bajo la autoridad de Vomigh III, el cual promulgó varios edictos al respecto, acompañados de duras sanciones a quienes los infringieran. Eso no eliminó los problemas, pero en algunos casos los atenuó.

Pasado un tiempo, en Caaviuru aumentó la Casa del Hechicero con una prejia y la otra antigua aprendiz de bruja, lo que daba para numerosos y constantes comentarios en el poblado. Si esto era la causa del incremento de la presencia de hechiceros y brujas que venían a visitar el lugar, nadie podía afirmarlo, pero quien más quien menos –y el reelegido jefe Ursue entre los que más– mantenía con orgullo que el poblado poseía “un halo de poder incontestable”.

No se había llegado todavía a un acuerdo acerca del hechizo ni de la realidad original, bastante tenían con gestionar la propia, a pesar de algunas voces y corrientes que de repente cruzaban de manera brillante por la actualidad, con una u otra propuesta definitiva, antes de perderse de nuevo.

Mientras tanto, la vida seguía, y los pequeños cambios siempre estaban en riesgo de revertirse a pesar del alto coste.

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