Vestidos a conciencia

por Segundo Clon, originalmente en Días de Alquiler

Después de la sorpresa, la vorágine

de sus aplicaciones, de sus utilidades.

Tras los Nobel en Medicina y Química,

los millones de Euros en la Industria.

Quién iba a imaginar que la conciencia

tuviera realmente una existencia física.

Que el infravalorado sistema de la Glía,

araña infatigable, fabricara

aquel hilo tan fino pero tan resistente.

Qué sorpresa mayor su flexibilidad

y la elasticidad de los tejidos con ella elaborados,

que tan bien siluetea nuestros cuerpos,

su impermeabilidad en los días de lluvia

con razón tantas lágrimas fluyen de nuestros ojos,

expulsadas–

y, sobre todo –esto hizo a muchos ricos

y a muchos más felices–

esa maravillosa capacidad para la

autolimpieza.

Ahora podemos otra vez

saltar sobre los charcos,

hacer gólems de arcilla,

arrojarnos los postres durante las comidas familiares.

Y ni siquiera así contaminamos

ríos, mares, acuíferos,

pues son innecesarios detergentes.

En otro orden de cosas, su resistencia,

altamente apreciada en el conglomerado

militar-industrial, ya está dando sus frutos;

nuestros ejércitos entran en batalla

protegidos no sólo por viejos ideales

para qué explicitarlos; quién hoy no los comparte–

sino también por esos nuevos trajes

que han sustituido al diamante y al kévlar

y que de ahora por siempre nos harán invencibles

incluso en las derrotas pasajeras–.

Por fin nuestra conciencia nos sirve para algo.

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